Informe de la ONG sobre la situación de la mujer migrante

en  México

 

 

 

 

 

 

 

Presentado durante la 36ª. Sesión

del

 Comité para la Eliminación de la  Discriminación contra la Mujer

(CEDAW)

 

 

 

 

 

 

 

Por María Cristina Hawley

UNANIMA Internacional

 

 

 

 

 

 

 

Respeto al Sexto Informe periódico del gobierno de México como

Estado Parte de la CEDAW

 

 

 

 

 

7-25 agosto 2006, Nueva York

 

 

 

Este informe estaba preparada con la ayuda de las Hermanas Misioneras Catequistas de los Pobres de Coahuila, México

 

 

PREAMBULO

 El presente informe no pretende la crítica directa del sexto informe periódico presentado por el Gobierno de México,  sino comprometerse constructivamente con el en la mejora de los derechos de las mujeres migrantes.  El fin de este informe es un medio para que el Gobierno de México refuerce los mecanismos de aplicación de las disposiciones antidiscriminatorias de la Convención de forma que sean más eficaces y se continúen trasluciendo en la política nacional y en todas sus actuaciones.

 INTRODUCCIÓN

 Este informe pretende ser un complemento al sexto informe presentado por México en noviembre de 2005 así como la lista de cuestiones y preguntas al examen de los informes periódicos CEDAW/C/MEX/Q/6. Concretamente se abordará el tema de mujeres migrantes.

 Para entender la migración femenina es necesario tener como contexto la industrialización, los patrones de urbanización, la transformación de la economía campesina en una economía de mercado, los cambios en la tenencia de la tierra y las políticas estatales que inciden en los cambios sociales y económicos de México.

 Durante el periodo 1950-1980 hay una tendencia de migración femenina interestatal, la cual coincide con un proceso de urbanización que fue incorporando a las mujeres de forma lenta pero constante, como fuerza de trabajo. Muchas de las mujeres emigran del campo a la ciudad incorporándose al trabajo doméstico, al comercio y al sector informal.

 Las crisis recurrentes que se han vivido en México y el cambio del “Estado de bienestar” por el de corte neoliberal, lanzó a más mujeres, de manera masiva, a emigrar hacia los Estados Unidos. A partir de 1990 la incorporación de las mujeres a esta indeseable travesía se ha intensificado y a la fecha alcanza el 48 por ciento del total de 20 millones de latino y centroamericanos que se encuentran lejos de sus tierras natales.

 Datos del Consejos Nacional de Población, afirman que el flujo migratorio de México hacia Estados Unidos, ascendió a 400 mil personas en los primeros años del presente siglo, de las cuales un 20 por ciento fue población femenina.

 Las mujeres son más vulnerables en su travesía hacia Estados Unidos. Un estudio de la organización Sin Fronteras muestra que las migrantes son objeto de violencia por autoridades de migración, ejército, policía, empleadores y ladrones que se encuentran en su trayecto migratorio, sobre todo cuando se trasladan solas. Se trata tanto de las mujeres centroamericanas que pasan por México como de las migrantes mexicanas que viven una violencia física, económica en forma de extorsión, psicológica y sexual.

Desafortunadamente las migrantes son también objeto de violencia en su entorno familiar y son sujetas vulnerables de las mafias dedicadas a la explotación sexual y a la criminalidad.

 “El Estado mexicano ha reconocido la importancia de crear una política integral en derechos humanos y la necesidad de armonizar la legislación nacional con los tratados internacionales en materia de derechos humanos. No obstante, persisten patrones y prácticas gubernamentales en materia migratoria que son regresivos y violan los derechos humanos de las personas que emigran, y que han sido reportadas por las relatorías especiales para migrantes de Naciones Unidas”[1] y, en el caso que nos atañe por la Relatora Especial

 Hay que reconocer que uno de los temas más importantes para el Instituto Nacional de las Mujeres, creado por el Presidente Vicente Fox Quesada el 12 de enero de 2001 y establecido formalmente el 8 de marzo de ese mismo año, es la discriminación de género y especialmente la que vive la población femenina migrante. Sin embargo, en la práctica, la mujer migrante es continuamente víctima de violencia sexual, psicológica, física y económica que se agrava más cuando su estatus migratorio es irregular en  México o al cruzar la frontera con Estados Unidos.

 El problema de la violencia fronteriza se ha  agudizado a raíz de las ultimas propuestas de los congresistas de los Estados Unidos en especial, la Resolución HR4437 o Acta Sensenbrenner que  están influyendo en el odio y rechazo de los migrantes. Cada día los congresistas estadunidenses parecen alejarse más de la amnistía y tolerancia legal a la migración, estrangulándola diplomáticamente entre la construcción del muro, la militarización de la frontera y la débil concesión de trabajadores migrantes temporales.[2]

 Respecto a las autoridades mexicanas, muchas veces resulta lamentable que en lugar de armonizar las leyes que surgen de los tratados y convenios internacionales que el gobierno mexicano ha ratificado en materia migratoria, se preocupen más por echarles encima a las y los migrantes la fuerza pública, aumentando la crueldad y la criminalidad, provocando muertes, mutilaciones, extorsiones y toda clase de tratos crueles e inhumanos.

 En el sexto informe del gobierno de México habla que se está trabajando en la elaboración de una propuesta de  Política Migratoria de Estado a través de la elaboración de un diagnóstico  entre los 32 delegados regionales del Instituto Nacional de Migración que es indispensable. También habla de la necesidad de coordinación con otras instituciones de gobierno, organizaciones civiles y organismos internacionales en la asistencia a víctimas de tráfico y trata de migrantes. Todo esto es muy bueno, pero urge formar e impartir talleres a policías y autoridades locales que muchas veces tratan a las mujeres migrantes peor que a animales.  

 La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer fue firmada por México el 18 de diciembre de 1979 y ratificada el 23 de marzo de 1981. Dicha Convención entró en vigor como tratado internacional el 3 de septiembre de 1981.

 En el Artículo 2 se lee:

Los Estados Partes condenan la discriminación contra la mujer en todas sus formas, convienen en seguir, por todos los medios apropiados y sin dilaciones, una política encaminada a eliminar la discriminación contra la mujer y, con tal objeto, se comprometen a:

 d) Abstenerse de incurrir en todo acto de práctica de discriminación contra la mujer y velar porque las autoridades e instituciones públicas actúen de conformidad con esta obligación;

 e) Tomar todas las medidas apropiadas para eliminar la discriminación contra la mujer practicada por cualesquiera personas, organizaciones o empresas;

 El Artículo 1° de La Constitución de los Estados Unidos Mexicanos  en el último párrafo que se reformó a instancias de Vicente Fox Quesada  el 1-XII-2000 y entró en vigor el 14-VIII-2001 dice: “Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las capacidades diferentes, la condición social, las condiciones de salud, las preferencias, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar derechos y libertades de las personas.”[3]

 Es muy distinta la ley mexicana de la práctica  y queda lejos de que se brinde un trato justo y equitativo a las mujeres migrantes que ingresan en México por la frontera sur con Guatemala para alcanzar su sueño de llegar al otro lado de la frontera norte. De hecho el periódico La Jornada del 15 de abril de 2005 aparece un artículo en que  las autoras Laura Poy y Angeles Cruz: denuncian violencia de Estado contra mujeres migrantes.

La violencia física, sicológica y económica que se ejerce en México contra las mujeres migrantes indocumentadas involucra a autoridades federales y fuerzas policíacas estatales y municipales, quienes favorecen la "violencia de Estado contra este sector altamente vulnerable.”

En un estudio conjunto elaborado con el Instituto Nacional de las Mujeres y la Fundación Ford, Sin Fronteras, I.A.P. indica que para detener el “patrón de abuso" es necesario reconocer que la violencia intrafamiliar "es un elemento con fuerte presencia en el esquema general de la violencia que acompaña a todo el proceso migratorio de las mujeres".

Muchos casos estudiados indican que la violencia física y sicológica contra las migrantes es ejercida mayoritariamente por hombres con los que vivieron o cohabitaron, quienes suelen amenazarlas con denunciarlas por su situación migratoria. A ello se suma la violencia que padecen por parte de autoridades federales, que va desde abusos verbales, físicos, sicológicos y económicos, hasta la extorsión.”[4]

Entre 2003 y 2004, a través de talleres y entrevistas a 65 mujeres de Centro y Sudamérica en la estación migratoria de la Ciudad de México, en un albergue de Río Blanco, Veracruz, y en un local de Tapachula, Chiapas, se detectó que la violencia en sus diferentes formas estaba presente en todo el proceso migratorio.

Respecto al destino de las migrantes, el resultado arrojó que el 57 por ciento se dirigían a Estados Unidos y el 43 por ciento a la Ciudad de México. Las entrevistas se realizaron a mujeres procedentes de Ecuador, El Salvador, Guatemala, Cuba, Venezuela, Colombia, Argentina, Honduras y Perú.

El estudio mostró que 46 por ciento de las entrevistadas (30 mujeres) dijo haber sido objeto de algún tipo de violencia, ya sea por parte de las autoridades, familia o personas desconocidas durante el proceso migratorio. De este universo, 23% declaró que la violencia se ejerció por las autoridades migratorias; 10 % por la Policía Federal Preventiva y con el mismo porcentaje, la Policía Judicial y las municipales.

Las entrevistadas identificaron como fuente de violencia al Ejército en 6.6 % de los casos, a los policías estatales y bomberos en 3.3 % cada uno; mientras que 33.3% dijo no poder identificar a sus agresores.

Sobre las formas institucionales, 30% declaró haber sido objeto de violencia física; una cantidad enfrentó agresiones psicológicas; 16.6% económica (en forma de extorsión) 10% sufrió todo tipo de violencia sexual y 13.3% no la especificaron.

Relacionado con el mismo universo, las referencias al maltrato en el entorno familiar arrojaron que 24% de las entrevistadas sufrieron este tipo de violencia, mientras que 36% negaron este hecho y el 4% restante no proporcionaron datos.

También el periódico El Universal y  Criterios, periodismo independiente, divulgaron una noticia el 22 de julio de 2006 titulada: Denuncia CNDH pasividad oficial ante maltrato de mujeres migrantes emitida por la oficina del ombudsman, José Luis Soberanes, en la que se critica al Gobierno de México por su “pasividad” e “inadmisible indiferencia” ante las violaciones sexuales que sufren  en la zona fronteriza con Estados Unidos miles de mujeres migrantes. Diversas organizaciones no gubernamentales han denunciado dichas violaciones por lo que la Comisión Nacional de Derechos Humanos urgió “al Gobierno federal a emprender acciones tendentes a atender los casos de mujeres, víctimas de una creciente violencia sexual.”

 Dicha oficina se basa en datos de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos que señalan que cada día cruzan 450 mujeres de México hacia ese país. Este flujo se intensificó en 2004 y 2005 hasta llegar a 340 mil mujeres en esos dos años.

 En esos dos últimos años también han aumentado las agresiones sexuales a mujeres. Muchas veces quienes perpetran dichas agresiones, extorsiones y abusos hacia las mujeres migrantes son los servidores públicos federales, estatales y municipales,aprovechándose de que la Ley General de Población mexicana en su Artículo 123  considera delito la entrada de indocumentados al país y se aprovechan de esas mujeres migrantes centroamericanas que en su mayoría entran a México indocumentadas.

 Algunos diputados mexicanos han presentado ante el Congreso una iniciativa que busca eliminar de la legislación “la inmigración ilegal como delito que merece la privación de la libertad”, pero no se sabe si se acepte o no ya que dicha iniciativa será analizada a partir de septiembre de 2006 por el nuevo poder legislativo elegido el pasado 2 de julio.[5]

 Por otro lado El Mañana de Reynosa, Tamaulipas publicó una noticia sobre lo preocupante que es la ola de violencia que agobia a la frontera norte de México, incluyendo específicamente a Reynosa, Nuevo Laredo y Matamoros, donde se observa un crecimiento de homicidios de mujeres, y muchas de ellas son mujeres migrantes.

 El 5 de abril de 2006 La Jornada publicó una noticia titulada: Crece la tasa de mujeres violadas en la frontera: ONG . En ella se lee: “Mexicali, B.C. La Coalición para la Defensa del Migrante informó que en la frontera norte de México se registra un incremento notable de casos de violación de mujeres que  tratan de cruzar hacia Estados Unidos. Aunque no existen cifras oficiales, “cualquiera, que tenga algún trato con los migrantes –sea el personal de los albergues o la Patrulla Fronteriza- puede confirmar que se ha incrementado notablemente el número de mujeres migrantes que reportan asaltos sexuales”, señala Esmeralda Siú, vocera de este organismo que reúne 15 agrupaciones sociales fronterizas. Por necesidad económica o con la esperanza de lograr la reunificación familiar, cada día un mayor número de mujeres se traslada a esta frontera. “Estos penosísimos delitos se suman a muchos otros cometidos contra los migrantes, especialmente en el tramo más transitado; es decir, desde Agua Prieta hasta Sásabe, Sonora.”[6]

 Frontera con justicia, A.C.  para el Segundo Informe sobre la situación de los Derechos Humanos entrevistó a 1003 migrantes en tránsito, principalmente centroamericanos  de mayo 2005 a abril 2006. De las entrevistas el 98% eran hombres y sólo el 2%  mujeres. Esto se debe a que la población del albergue Belén, Posada del Migrante, en Saltillo, Coahuila, es mayoritariamente masculina y aunque ha aumentado el número de mujeres atendidas, no es muy agradable para las mujeres migrantes contar su experiencia en el camino, pues sufren mucho más agresión que los hombres.

 Según la información proporcionada por los migrantes en las entrevistas realizadas, las autoridades, que más los agradieronn en los diferentes lugares por los que transitaron, fueron los guardias del tren, pero también los policías municipales quienes, abusando de su autoridad, intimidaron y extorsionaron a los migrantes en tránsito. De agentes migratorios se recibieron 100 quejas, de la policía federal preventiva 93 agresiones; le siguió el ejército, sobre todo en la frontera y en los retenes. También hubo quejas de la policía estatal y de la judicial.

 Cabe resaltar que la mayoría de estas agresiones fueron cometidas en las vías del tren, en el mismo tren o en las estaciones de éstos y que los agresores fueron identificados plenamente por los migrantes.

 Existen dos casos relevantes de mujeres:

 Maritza Barrios, guatemalteca, quien viajaba en el tren con cuatro compañeros, que conoció en el camino, rumbo a la frontera norte. El 14 de abril, cerca de Saltillo, tres guardias llegaron a donde estaban los cuatro y les pidieron dinero. A Maritza le encontraron $100.00 entre la ropa, a los compañeros los golpearon e hicieron que se bajaran del tren a gran velocidad.

 Uno de los guardias la quería violar y luego la amenazaba con matarla dejándola colgada entre dos vagones. Por fin la soltaron, pero uno de sus compañeros logró rescatarla; sin embargo una de las ruedas del tren ya le había pasado encima de parte de la pierna derecha.En el hospital le tuvieron que amputar la pierna de la rodilla para abajo.

 Las Hnas. Misioneras Catequistas de los Pobres de Posada del Migrante supieron de Maritza, quien se quedó con ellas para reponerse del daño irreparable a su integridad física y psicológica cometida por elementos de la empresa de seguridad privada de Consultores Profesionales en Seguridad Privada, (COPSSA), que se asignaron atribuciones que corresponden sólo a autoridades migratorias.

  Sonia Cáceres, hondureña, viajaba en el tren que pasaba por Saltillo el 24 de septiembre con otros compañeros de Honduras. De repente vieron que una camioneta blanca seguía al tren y los guardias les lanzaban piedras. Sus compañeros se arrojaron del tren para huir de los vigilantes, pero Sonia se quedó en el tren, motivo por el que fue jalada por un guardia del tren y al caer el tren le mutiló parte del pie. Ella también se recuperó en la Posada del Migrante.

 A pesar de que éstos dos crímenes llevan más de un año y los agresores, reconocidos por la víctimas, ambos casos no han sido consignados ante el juez penal.

 En la frontera sur de México el fenómeno de violencia contra la mujer migrante es más humillante y degradante que en la frontera norte. Martha Rebeca Herrera, investigadora de la Dirección de Antropología Física del INAH, en su investigación,  centrada en el estado de Chiapas, ha encontrado amplias redes de prostitución tolerada tanto por las autoridades como por la población, lo cual establece condiciones adversas para las personas que buscan ingresar a México sin los documentos necesarios.

 “En la frontera con Estados Unidos son las migrantes, en la sur las ilegales y es por esto que las autoridades y los polleros las tratan como delincuentes.”[7] Existe toda una red de mecanismos para la explotación sexual de las migrantes que en su mayoría son mujeres jóvenes, incluyendo niñas entre diez y doce años.

 El modo de ejercer la prostitución se da de varias maneras, una de ellas, ubicada en una unidad habitacional cercana a la capital del estado de Chiapas, donde se ofrecen servicios de las mujeres migrantes, provenientes en su mayoría de El Salvador y de Nicaragua. El lugar es conocido como La Galáctica y está custodiado día y noche por policías y seguridad privada. Cuenta con un centro de salud dentro para atender a las mujeres… pero eso más que un beneficio para las que viven allí, es un negocio para atender sin problemas a este negocio, porque cuando las jovencitas enferman o ya no son atractivas, las denuncian ante las autoridades y son deportadas a su país de origen

 En el municipio de Tapachula existe otra zona de tolerancia, que incluye un lugar especial para homosexuales, lo cual provoca mayores problemas de discriminación, pero en este lugar la prostitución se ejerce en condiciones totalmente adversas, sin ventajas de salud, ni de protección policíaca. En este caso, la violencia, las vejaciones y el tráfico de drogas son las constantes que causan muertes e infecciones tanto entre los usuarios como en las mujeres que se prostituyen, lo cual hace que las condiciones de vida para los y las migrantes sean totalmente adversas.

 En ambos casos las mujeres migrantes se encuentran ilegalmente en México. Por ser ilegales y menores de edad las mismas autoridades pueden ejercer  Art. 123 de la Ley de Población que dice: “Se impondrá pena hasta de dos años de prisión y multa de trescientos a cinco mil pesos, al extranjero que se interne ilegalmente en el país.”[8]

 

RECOMENDACIONES

  

  1. Insistimos al Gobierno de México que  ponga en práctica la Recomendación General No. 19 párrafo 6 de la CEDAW para que los abusos físicos, mentales y sexuales de las mujeres migrantes sean considerados como una forma específica de violencia contra la mujer.

 

  1. Deseamos que México, como Estado Parte, del Protocolo Facultativo de la CEDAW, que fue aprobado por la Cámara de Senadores y aprobado por el Ejecutivo Federal el 22 de enero de 2002, responda las preguntas que le formule el Comité respecto a personas que aleguen ser víctimas de cualquier discriminación.

 

  1. Exigimos el respeto de los derechos humanos de la mujeres migrantes, tanto de las mexicanas como de las extranjeras en sus travesías por nuestro país.
     
  1. Consideramos indispensable la urgencia de incorporar la perspectiva de género en las políticas migratorias, teniendo en cuenta a la mujer como parte activa en todos los procesos.

 

  1. Imploramos el cierre de La Galáctica.

 

  1. Reiteramos la necesidad de continuar con campañas de concientización  y talleres para combatir la violencia ejercida contra la mujer migrante.

 

  1. Exigimos la puesta en práctica de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación que entró en vigor el 12 de junio de 2003 y sobre todo el artículo 1°que dice: “Las disposiciones de esta Ley son de orden público y de interés social. El objeto de la misma es prevenir y eliminar todas las formas de discriminación que se ejerzan contra cualquier persona en los términos del Artículo 1 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, así como promover la igualdad de oportunidades y de trato.”

  1. Reconocemos la labor inmensa de las organizaciones de la sociedad civil  que exigen a las autoridades el cumplimiento de sus obligaciones para  garantizar los derechos humanos  de los migrantes

  1. Necesitamos involucrarnos en el Programa Nacional
    Proequidad generado por el Instituto Nacional de las Mujeres.

 

  1. Reiteramos al Sr. Gobernador de Coahuila, Humberto Moreira Valdez, que de total cumplimiento a las recomendaciones que le hizo la CNDH, en la Recomendación No 45/2005, del día 6 de diciembre de 2005, en el sentido de que se investigue a los servidores públicos de la Secretaría de Seguridad Pública por permitir que elementos de la empresa de Seguridad privada COPSSA llevase a cabo actos reservados al Instituto Nacional de Migración.

 CONCLUSIÓN GENERAL

 Hemos tratado de demostrar que las mujeres migrantes, en su mayoría centroamericanas, viven una violencia física, económica y sexual, desde el momento de cruzar la frontera sur entre México y Guatemala, así como en su travesía por el territorio de la República Mexicana, hasta que cruzan la frontera norte con Estados Unidos.

 Hemos señalado que la violencia contra las mujeres involucra a autoridades migratorias, judiciales, policíacas y a personal de seguridad privada, y, que en la mayoría de los casos no se les hace justicia a las demandas que presentan organizaciones civiles respecto a las violaciones de los derechos de las mujeres migrantes.

 También señalamos la necesidad  de armonizar los tratados como el de La CEDAW, del que México es estado parte, con la puesta en práctica de medidas específicas tanto en el Artículo 1° de la Constitución como en otras leyes nacionales. Persisten patrones y prácticas gubernamentales en materia migratoria que son regresivas y que deben ser modificadas.

 No podemos seguir tolerando en la frontera sur el tráfico de mujeres indocumentadas que en su traslado por polleros hacia la frontera norte las prostituyen y abandonan.

 Reconocemos el interés del Instituto Nacional de las Mujeres para combatir la violencia ejercida contra las mujeres migrantes y su deseo de proporcionar herramientas para lograr la incorporación de la perspectiva de género, pero ojalá que muchas personas se involucren para facilitar dichos talleres.

 Esperamos que este informe alternativo ayude para que las autoridades migratorias, judiciales, policíacas y de seguridad privada vayan cambiando sus patrones de conducta para facilitar la labor que con tanta generosidad y entrega realizan tantas organizaciones no gubernamentales para combatir la violencia ejercida en contra de la mujer migrante  durante su paso por  México y a lo largo de su travesía hacia los Estados Unidos.  

  


 

[1] Sin Fronteras I.A.P., Violencia y Mujeres Migrantes en México

[2] Cfr.Frontera con Justicia, A.C.  Segundo Informe sobre la situación de los derechos humanos de los migrantes en tránsito, rendido en las instalaciones de Belén, Posada del Migrante,en Saltillo Coahuila el 24 de mayo de 2006,p.4.

[3] La Constitución del Pueblo Mexicano. Cámara de Diputados LVIII Legislatura. México, 2001.