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The Informal Interactive Hearings Of The General Assembly

With Non-Governmental Organizations, Civil Society Organizations And

The Private Sector, UN,  June 23, 24 2005

 

Speaker for the Hearing on Freedom From FEAR Cluster

Ms. Teresa Columba ULLOA

Congregation of Our Lady of Charity of the Good Shepherd,

Mexico,

ECOSOC Accredited

 

Con su Venia, Señor(a) Presidente(a).

Señoras y Señores Representantes de los Estados Parte.

Amigas y Amigos todos:

 

Soy Teresa Ulloa Ziáurriz, Directora Regional de la Coalición contra el Tráfico de Mujeres y Niñas para América Latina y el Caribe, y vengo a compartir con ustedes nuestras preocupaciones y propuestas en el tema “libres del miedo”.

 

Las mujeres y las niñas del mundo tenemos miedo a la guerra y a toda la violencia que contra nosotras entraña: violación, violencia sexual, desplazamiento, muerte, hambre, el abuso de poder para la humillación del vencido, sobre sus madres, esposas, hijas, y hermanas.  Los abusos sexuales y la prostitución que imponen las fuerzas beligerantes, los ejércitos regulares y hasta los cuerpos de paz. Queremos la paz por encima de intereses económicos y políticos, de la ley del más fuerte, de intereses mezquinos o mesiánicos.  Queremos el imperio del derecho internacional, los derechos humanos y las leyes.

 

Las mujeres y las niñas del mundo tenemos miedo a la discriminación de género, esa discriminación que mata a miles de niñas antes de nacer, o cuando  nacen las condena a la falta de oportunidades, a la violencia, a la explotación, desnutrición, marginación, desigualdad y a prácticas tradicionales perjudiciales para sus cuerpos y su dignidad humana.

 

Las mujeres y las niñas de los países en desarrollo tenemos miedo a la pobreza y los estados han prestado tan poca atención y han realizado tan pocos esfuerzos sobre ese tema, que hoy la feminización de la pobreza se alza amenazando al mundo.

 

Las mujeres y las niñas del mundo tenemos miedo a la violencia de género, esa violencia que se ejerce tanto en el ámbito público como en el privado.  Las mujeres y las niñas siguen siendo violentadas cotidianamente en sus hogares, donde deberían tener garantizados el derecho a la vida, a la integridad y a la seguridad personales.  Las mujeres son asesinadas en México y América Latina, como en Ciudad Juárez, desde hace más de diez años.  No se puede construir la seguridad colectiva, si no se garantiza la seguridad personal de las mujeres y las niñas.  Mientras la fuerza y el poder sea la norma que prevalece en los hogares, no se puede construir un mundo en el que impere la democracia.

 

También tenemos miedo de políticas transversales de género en los Estados miembros y en los organismos multilaterales, cuando éstas no se reflejan en la Declaración del Milenio o en el Informe sobre una Libertad más Amplia, o en todas las acciones y políticas, todas las preocupaciones y propuestas, especialmente cuando los organismos que tutelan y promueven los derechos de las mujeres y las niñas han contado con menor infraestructura y menor presupuesto.  Proponemos que se tomen acciones para revertir esta situación con la participación de la Sociedad Civil.  Tenemos derecho a ser una prioridad en la cooperación internacional, en los esfuerzos de desarrollo y contra la pobreza, en los desastres naturales, la educación, la salud, la tutela de los derechos humanos, pero también en los temas de seguridad, en la guerra, en la paz, en los esfuerzos contra el terrorismo y en la lucha contra la delincuencia organizada.  Proponemos balance de género en el Consejo de Seguridad.

 

Tres son las industrias ilícitas más productivas:  el tráfico de drogas, el de armas y la industria global del sexo --la prostitución, en particular-- que no sólo promueve la violencia contra las mujeres y las niñas, sino que es violencia contra ellas.  Tenemos miedo de los clientes, quienes a través de la demanda de prostitución,  representan el incentivo económico para los traficantes de personas con propósitos sexuales, en la misma forma que los violadores, los golpeadores y los traficantes, también los clientes deben ser sometidos al imperio de la ley.  Cualquier ley o política que legitimice la prostitución como trabajo, y que así facilite que la industria del sexo  se expanda, representa una amenaza contra las mujeres y las niñas y por lo tanto se debe exigir rendición de cuentas a quien la tolere o la permita.  No se trata de un simple fenómeno migratorio, es una forma de perpetuar estereotipos en los que los cuerpos de las mujeres y las niñas son para el placer sexual de los hombres, se les trata como una mercancía que se puede comprar, vender o alquilar.  Proponemos que no se tolere, y se considere un crimen de lesa humanidad que atenta contra la seguridad colectiva, pero, al mismo tiempo se les garantice a todas las mujeres y las niñas una vida sin violencia y todos sus derechos sociales, económicos y culturales, porque sus vidas y sus cuerpos no son mercancías.  Esta es la única manera en la que la mitad de la población del mundo, podrá vivir libre del miedo.

 

Muchas gracias,

Naciones Unidas, Nueva York, 24 de Junio del 2005.